Historia

HISTORIA:

 

 

 

 

 

 

 

 

El 01 de septiembre de 1862, con la rectoría de la Religiosa francesa Sor Eulalia Amat, en una ceremonia inaugural abría sus puertas a la comunidad cuencana el Primer Establecimiento Católico de la ciudad: el Instituto de los “Sagrados Corazones”. Se funda esta importante obra educativa con 50 estudiantes en el Colegio y 200 niñas de la escuela.

En 1923, se inaugura en el Colegio la sección de alumnas externas. En 1929, se inaugura el Kínder para varones y mujeres de 4 a 6 años y son ocho los estudiantes fundadores -entre los que se encontraban: Antonio Borrero Vintimilla, Mariano Cueva Jaramillo, Guillermo Serrano, Guillermo Aguilar y Mariano Cueva.

En el período lectivo 2011-2012, en la ciudad de Cuenca se celebró con júbilo el centésimo quincuagésimo aniversario de presencia de las Hermanas de los Sagrados Corazones  en el Ecuador por su invalorable labor;  150 años de historia llena de logros, de anhelos largamente acariciados por el amor corazonista, de ser testigos y actores del éxito de la Institución y  de tener en sus manos las herramientas para construir un futuro lleno de amor cristiano.

 

 

 

 

 

 

 

 

Hablar de la historia de los “Sagrados Corazones” en Cuenca es hablar de la historia de la ciudad, de las religiosas, de los maestros y de miles de mujeres y hombres que llevan en su corazón los modelos de generosidad, perseverancia y sobre todo amor; virtudes que emanan de los dos corazones de Jesús y de María.

 

En la actualidad, la Unidad Educativa Particular Sagrados Corazones, Cuenca, acoge a aproximadamente 1120 estudiantes, a través de su propuesta de guiar y orientar a la formación Cristiana bajo el carisma de “Contemplar, Vivir y Anunciar el Amor de Dios”, procurando la formación holística de la niñez y juventud sobre la base de un sistema de valores Humanos-Cristianos, asumidos conscientemente y transmitidos desde la visión del Evangelio de Jesucristo en busca de la excelencia académica y la significatividad y trascendencia, de ser, pensar y obrar.

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